José Barahona (Lisboa, 1969), es un director y guionista
portugués, que tuvo la oportunidad de competir en el “Festival de Cine
Internacional de Punta del Este” (llevado a cabo entre el 21 y 27 de febrero de
este año) con su último largometraje “Estuve en Lisboa y me acordé de ti”. Esta
adaptación del libro escrito por el brasileño Luiz Ruffato, retrata el drama de
Sérgio de Sousa (Paulo Azevedo) quien luego de ser alejado de su hijo, fruto de
una relación con una mujer mentalmente insana, decide emigrar desde su ciudad
natal Cataguases (Minas Gerais, Brasil) hacia Lisboa (Portugal) con la
esperanza de mejorar su situación económica. Durante la conferencia de prensa,
Barahona contó que ya había trabajado este tema durante el 2003, cuándo se
instaló en Buenos Aires para rodar el documental “Buenos Aires Hora Zero”.
Barahona confiesa que esta oportunidad le permitió relacionarse con el idioma
español y lo llevó a emprender un viaje de búsqueda. Él mismo describe que “el
documental tenía que ser sobre inmigrantes, sobre el pueblo argentino… vine
especialmente a Colonia del Sacramento buscando un personaje que se decía
descendiente de los fundadores de la ciudad, que era portugués y cuándo llegué
aquí, él se había ido para Buenos Aires.” Además, dijo que se siente interesado
por este tema ya que es muy duro; “Es muy duro lo que está pasando en Europa
con la cuestión de los refugiados y todavía antes con la cuestión de los
migrantes. Como ciudadanos solemos mostrarnos desentendidos frente a esta
cuestión, no queremos recibirlos”. Esto se retrata en la película ya que al
mudarse, Sergio debe enfrentarse a problemas de discriminación y de
pertenencia, al no conseguir adaptarse a esta nueva ciudad. El director hace un
paralelismo con los brasileños que emigran a Portugal retratando a Lisboa como “una ciudad que tiene
mucho que ver con ellos pero dado que los inmigrantes pertenecen a una camada
social más simple, sufren la burocracia de discriminación referida a las dificultades
para obtener papeles que los habiliten a trabajar”. También menciona que
decidió realizar esta adaptación ya que es un “espejo” de su vida. Él cuenta
que en el 2012, al vivirse la gran caída económica en Europa (Portugal y Grecia
especialmente), la producción de cine se hundió, lo cual conllevó a que José
tuviese que mudarse a Río de Janeiro. Menciona que América es un continente que
“recibió y sigue recibiendo de brazos abiertos a la gente que se viene desde
Europa… Brasil es el país de América Latina recibe más refugiados de Siria” Por
último lo describe como “un continente construido con mucha sangre pero también
con mucha inmigración y cultura” A su vez, compara a Europa con “algo viejo que
está cómo en un museo”. Y subraya que “aquí, además de todos los problemas
políticos, sociales y económicos se está construyendo, mientras que en Europa
estamos en una decadencia total que va a explotar ahora con la cuestión de los
refugiados y otras cuestiones económicas”
Con
respecto a la realización del largometraje, Barahona menciona que cuándo piensa
en hacer una película, piensa cuales son los medios disponibles para lograrla.
Sin embargo, destaca que cuándo está imaginando y escribiendo, no hay
fronteras. Es por esto que cuenta que “si no tenemos plata para pagar un
restaurante (Serginho trabaja en un restaurante en la película), ponemos al
actor trabajando en un restaurante como si estuviéramos filmando un
documental”. También enfatiza en que le interesa “usar actores no conocidos,
para que puedan mezclarse con otras personas que no son actores. Es por esto
que elegí un actor no conocido para que sea el protagonista de mi película.” Él
dice que la estructura narrativa es la que permite darles tensión a los
personajes. En la película se observan tomas en las cuales el actor mira
directamente a la cámara mientras cuenta su historia para ella. Esto lo detalla
como algo muy “natural” aunque admite que lograr esto le presentó un desafío
para elegir al protagonista de “Estuve en Lisboa y me acordé de ti”. Por último admite cierta contradicción en su
labor como director ya que “si bien había un guión basado en un libro, y yo
tengo la obsesión por el control absoluto, quería darme el espacio para poder
improvisar con los actores.”
Como reflexión
final, Barahona alude una relación directa entre la prostitución en Portugal y
la trata de personas. “Pagan un viaje convencidas de que van a trabajar en
restaurantes u hoteles, entran por España (dado que es más fácil) y recién al
llegar se enteran el destino que les espera.” Y menciona que “cuándo somos
inmigrantes y las cosas no salen bien, muchas veces tratamos de olvidarlas, por
lo cual no queremos que las personas que están en otro país nos busquen.”
Entrevista
La película es una adaptación del libro de
Luiz Ruffato: ¿Surge la idea de la película a partir de la lectura del mismo o
sirvió este como un respaldo del guión? ¿Qué tan fiel es la adaptación del
libro al guión del filme?
R: Leí
este libro de casualidad. Cuándo estaba en Río de Janeiro me comentaron acá hay
un libro que pasa en Lisboa. Lo leí y dije, bueno esta es la historia que ahora
voy a hacer. Es una historia que yo viví. Yo vi muchos brasileños llegar a
Lisboa. Por ejemplo la persona que trabajaba en mi casa ayudándome en la cocina
es brasileña. Hay personas muy calificadas trabajando en publicidad, hay
personas muy clasificadas trabajando en obras. Había muchos brasileños que se
fueron debido a las crisis económicas. Entonces yo pensaba lo siguiente: Tengo que
hacer esta historia y este tipo (Serginho) al final, va a quedarse sin plata,
sin empleo, sin lugar, porque viene la crisis económica en Europa y hay un
movimiento de migración al revés al que venía sucediendo. Pero el tiene vergüenza
de volver y piensa ¿Cómo va a volver a esa ciudad si todo le fue mal?
Conclusión: No puede volver. Con respecto al tipo de adaptación, la película
tiene textos que vienen del libro, porque es muy fiel a lo que escribió
Ruffato; sin embargo el guión también tiene cosas que son escritas por mí en el
estilo de Ruffato, además de contener mucha improvisación.
¿Hubo que simular el espacio donde se
desarrolla la historia en algún momento o fue filmada en locaciones reales?
R: Si, es
todo Lisboa y Brasil. No hubo filmación dentro de algún estudio.
En una escena de la película, Serginho le
“presta” su pasaporte a Sheila, la prostituta de quien se enamora en Lisboa,
con el fin de que ella saldase una deuda con su “jefe”. Esta escena me impactó
por lo cual le pregunté al director si esto puede justificarse como ignorancia
o enamoramiento por parte del personaje.
R: Yo
intenté caracterizar un personaje que venia del libro y es muy naíf. Es un hombre
que le cree al sueño de salir y confía en que va a ganar mucha plata en
Portugal. Tiene esa cosa naif de darle flores a todas las mujeres con las que
se casa, y a las prostitutas también. Entonces, dada esta condición y el hecho que
parece que está tan enamorado de ella, que se muestra cómo una mujer tan
copada, acaba dándole el pasaporte. Quizás no es muy realista para el mundo
actual, porque, por ahí ninguno de nosotros le daba el pasaje.
Al finalizar la película: ¿Donde siguió
viviendo el protagonista? ¿En la pensión, en los vagones de un tren? Spoiler:
La película termina con una toma desde arriba de las vías del tren.
R: Para mi está en otro lugar afuera de la
ciudad. Es un lugar que remonta el mensaje de la película. Es como su casa en
Brasil, donde Serginho escuchaba y observaba los trenes. Es como que vuelve a
algo que no es su casa pero que ilustra la memoria de la misma. Se muestra que
no encontró su lugar. No es relevante donde está físicamente localizado ese
lugar, lo importante es que mentalmente el protagonista no encontró su lugar
estando afuera de su casa. El tren simboliza la memoria de su casa en Brasil, que
aparece en la primer parte de la película.
Habiendo experimentado la vida en dos
países con tanto contraste político, como lo son Estados Unidos y Cuba
(Barahona se formó en la New York
Film Academy de Nueva York y la Escuela Internacional
de Cine y TV), se me ocurrieron dos preguntas:
¿Crees que el inmigrante se transforma
en exiliado cuándo se ve condicionado a
abandonar a su familia y debe adaptarse a pésimas condiciones de vida?
R: Si, bastante. ¿Se transforma en un
esclavo, no? En el trabajo se somete a la explotación. Es como un exiliado político.
Es como un refugiado de guerra. Es una situación de parentesco.
¿Cuál es tu posición frente al fenómeno
Donald Trump en el que se ve reflejada una postura de rechazo hacia los
inmigrantes?
R: Yo
siempre digo que el mundo es un mundo, en el cual nosotros estamos viviendo. Desde
hace mucho que los europeos salieron de Europa para conquistar, los musulmanes
salieron de África para conquistar… Hoy en día no se conquista, hoy en día en Europa,
en África, en algunos lugares todavía no hay guerras pero hay migraciones ¿no? Porque
los sirios se escapan de la guerras, porque se escapan de malas condiciones económicas,
etc. Pienso que el mundo tiene que ser más tolerante a estos movimientos de
personas y tiene que pensar en lo que ahora es el lugar para ir, que antes era
Europa… En un dado momento aparecen los europeos como yo que me fui a Brasil…
Las cosas cambiaron en 20 o 30 años. Antes iban los brasileños a Portugal,
ahora vienen los portugueses a Brasil. En estos momentos Brasil va a tener una
crisis económica, y me doy cuenta que, por ahí, en Brasil las personas de una
clase social más alta quieren irse a Lisboa. Ahí es cuándo pienso que el mundo
tiene que ser más abierto. Ese fenómeno de Donald Trump me parece una
estupidez, una pavada sin sentido. Esas son personas que quieren hacer “show
off”. La historia nos muestra que tenemos que ser tolerantes. Es un planeta,
somos seres humanos todos. No hay diferencias, no hay uruguayos, brasileños y
portugueses. Hay seres humanos. Hay culturas diferentes que tenemos que
compartir. Tenemos placer de conocer las buenas de otras culturas. Está bueno
que Uruguay sea un país diferente de Brasil y de Portugal. El rumbo del mundo
tiene que basarse en ser países abiertos a personas que van y vienen.
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